IKEA ha vuelto a mirar hacia dentro de su propia organización y este verano ha puesto en marcha una iniciativa que rompe, al menos durante unos días, la barrera clásica entre quienes trabajan en oficinas centrales y quienes sostienen el día a día en las tiendas. El proyecto, bautizado de forma coloquial como «Verano Azul», invita a perfiles de distintas áreas corporativas a incorporarse temporalmente a la operativa de los establecimientos de la compañía.
El objetivo declarado es sencillo pero ambicioso: conectar de forma más directa con el negocio real, comprender mejor qué viven clientes y equipos en tienda y convertir esas vivencias en cambios concretos que mejoren procesos, tiempos de respuesta y calidad del servicio. Todo ello, en un contexto en el que IKEA sigue afinando su catálogo con lanzamientos y revisiones de productos icónicos, como la nueva versión de la estantería Kallax.
«Verano Azul»: directivos y personal de oficina de vuelta a la tienda
La nueva iniciativa se desarrolla a lo largo de los meses de julio, agosto y la primera mitad de septiembre y propone estancias de unos diez días en tienda para personal de diferentes funciones de las oficinas centrales. No se trata de una visita puntual ni de un simple recorrido por secciones, sino de una integración real en la dinámica diaria de los establecimientos.
Quienes participan realizan tareas habituales en áreas como cajas, logística, venta, atención al cliente o servicios ligados al mercado circular y la reparación, entre otras. La idea de fondo es que la mejor forma de entender qué funciona y qué no en un comercio de gran superficie es vivirlo desde dentro, compartiendo turnos, picos de afluencia y pequeños problemas cotidianos con el resto de la plantilla.
La compañía enmarca el programa en su cultura de colaboración interna, que denomina «togetherness». Se busca eliminar cierta distancia entre quienes toman decisiones estratégicas y las personas que atienden al público cada día, favoreciendo un diálogo más fluido entre oficinas y tiendas y reduciendo la sensación de que cada área opera en su propia burbuja.
Responsables de distintos departamentos destacan que esta inmersión estival permite reconectar con la esencia del negocio: ponerse de nuevo el uniforme, trabajar sin jerarquías visibles y retomar el contacto directo con quienes visitan las tiendas para amueblar su casa, cambiar la decoración o simplemente buscar ideas.
Formación previa y acompañamiento en la tienda
Antes de pisar la tienda, los participantes deben completar un itinerario formativo online adaptado al puesto que desempeñarán. Este bloque incluye la formación obligatoria en prevención de riesgos laborales y contenidos específicos sobre procesos, herramientas y protocolos de la sección donde se integrarán.
Una vez superada esta fase, el primer día en tienda arranca con una sesión de acogida en la que se explican la organización del centro, las normas básicas y el modo de trabajo de cada área. A partir de ahí, cada persona cuenta con la figura de un mentor o mentora, normalmente alguien del propio equipo de tienda que actúa como referencia y apoyo durante toda la experiencia.
Esta combinación de teoría previa y acompañamiento busca que la incorporación sea útil tanto para la tienda como para el propio participante. Desde el primer momento se espera que puedan aportar en tareas sencillas, mientras observan con cierto margen crítico cómo se encadenan los procesos de venta, reposición, preparación de pedidos o gestión de incidencias.
En establecimientos como Leganés o Murcia, donde ya han recibido a personal de oficinas centrales, los equipos de tienda destacan que el intercambio genera conversaciones muy directas sobre lo que realmente necesitan los clientes, qué frena la operativa y qué decisiones pueden tomarse desde oficina para agilizar el trabajo diario.

Detectar mejoras y convertirlas en cambios concretos
Uno de los puntos clave del programa es que la experiencia no se quede en una anécdota veraniega. Al terminar sus diez días en tienda, cada participante debe recoger por escrito las oportunidades de mejora que ha identificado: pequeños ajustes en procesos, cambios en herramientas internas, propuestas para simplificar trámites o ideas para reforzar la seguridad y la eficiencia.
Para canalizar todo este material, IKEA ha habilitado una herramienta específica de recopilación de iniciativas. Allí se vuelcan comentarios, ejemplos concretos y posibles soluciones que después pueden ser evaluadas y, si tienen sentido, convertidas en proyectos de mejora a nivel local o incluso nacional.
Desde la dirección de distintas tiendas subrayan que ya han empezado a surgir aportaciones útiles durante las primeras semanas del proyecto. Algunas tienen que ver con la manera de organizar determinados flujos de clientes, otras con la forma de presentar información en la web respecto a la realidad de stock o plazos, y también las hay centradas en la coordinación entre servicios de tienda y servicios centrales.
La compañía presenta esta dinámica como una ampliación de otras prácticas de contacto directo con tienda que ya existían, pero con un grado más de profundidad y continuidad. No se trata solo de visitar, sino de trabajar codo con codo y traducir luego esa vivencia en decisiones que afecten a la experiencia de compra o al entorno laboral.
En paralelo, el programa contribuye a reforzar un modelo de liderazgo más cercano, en el que los perfiles con mayor responsabilidad pasan también por mostrarse accesibles en el pasillo de una sección o resolviendo dudas en un punto de información, algo que muchos equipos valoran como un gesto de coherencia interna.
Cultura corporativa, aprendizaje continuo y catálogo en evolución
La iniciativa «Verano Azul» encaja con una cultura corporativa basada en la escucha activa y el aprendizaje compartido, donde se entiende que las mejores decisiones se toman con datos, pero también con la experiencia directa de cómo se vive la marca en tienda cada día.
A nivel interno, este tipo de programas se interpreta como una herramienta para alinear mejor la estrategia con la realidad operativa. Quien regresa de la tienda suele volver con una visión más ajustada de los tiempos, las limitaciones físicas del espacio, el impacto que tienen pequeños cambios en la cartelería o la importancia de que las soluciones digitales no se diseñen de espaldas al mostrador.
Todo ello sucede mientras el catálogo sigue moviéndose. La estantería Kallax, uno de los grandes superventas de la marca, acaba de sumar una nueva versión que mantiene la filosofía modular de siempre, pero introduce cambios en el diseño y en los acabados para adaptarse a las tendencias actuales.
El modelo, que en su día sustituyó a la antigua Expedit, se ha consolidado como un básico en salones y dormitorios de medio mundo gracias a su estructura en cubos y a su capacidad para combinar almacenamiento abierto y cerrado. En su nueva edición, IKEA incorpora un tono granate intenso y modifica la distribución interior de los huecos, añadiendo vanos de diferentes anchuras y opciones con patas que elevan la pieza y le dan mayor presencia.
Esta forma de volver sobre los clásicos, actualizando colores, proporciones y detalles constructivos sin romper la esencia del producto, encaja con la estrategia habitual de la marca: reversionar los grandes éxitos de ventas con ediciones limitadas y acabados en línea con lo que se lleva en decoración cada temporada.
La combinación de un programa interno que acerca a las personas de oficina al suelo de tienda y un catálogo que no deja de revisarse y ajustarse demuestra que IKEA sigue apostando por afinar tanto la experiencia de compra como la experiencia de quienes trabajan en la compañía. Desde la formación y el intercambio de roles hasta el lanzamiento de nuevos tonos y configuraciones en sus muebles más reconocibles, la empresa intenta mantener cierto equilibrio entre lo que ya funciona y lo que pide el cliente de hoy.